Las agresiones han tenido como víctimas a una vigilante de un hospital de Logroño y a otros dos del metro de Bilbao. Estos últimos tuvieron que recibir atención hospitalaria.
Las agresiones a vigilantes de seguridad no solo no son episodios aislados, sino que se han consolidado como una tendencia que no deja de crecer en distintos entornos, elevando la preocupación entre los profesionales del sector y los sindicatos. Dos nuevos incidentes registrados en apenas unos días –en un hospital de Logroño y en una estación de metro de Vizcaya– reflejan con claridad esta escalada de violencia y vuelven a situar el foco en la falta de medios y protección que denuncian los trabajadores.
Aunque se produjeron en contextos muy diferentes, comparten una misma realidad: vigilantes de seguridad que acaban siendo víctimas de agresiones en el ejercicio de sus funciones. A continuación, detallamos ambos casos.
Una vigilante agredida en el Hospital San Pedro: "Sufrimos agresiones a diario"
El primero tuvo lugar el pasado viernes sobre las 22.15h en el Hospital San Pedro de Logroño, donde una vigilante fue atacada por un paciente que debía ingresar en la unidad de psiquiatría por orden médica.
Según ha explicado la propia trabajadora en una entrevista concedida a Cadena SER, en ese momento solo había tres vigilantes para todo el hospital: uno destinado al área de urgencias, y ella y otros dos –entre ellos ella– encargados de cubrir el resto de las instalaciones.
El incidente, relata, se desencadenó después de que el vigilante de urgencias les pidiera apoyo porque el paciente, al que describe como un "muchacho", se resistía a ser ingresado. A su llegada, intentó huir y uno de los vigilantes lo agarró, pero consiguió librarse de él y fue entonces cuando cometió la agresión: propinando un puñetazo en la cara a la vigilante y agarrándola del cuello. Ella misma logró zafarse del agresor, que acabó siendo reducido por los tres trabajadores de seguridad y siendo ingresado.
La vigilante subraya que no es ni mucho menos la primera vez que se ve envuelta en este tipo de incidentes. De hecho, asegura que sufren agresiones a diario. "Yo estoy llena de moratones por todo el cuerpo, pero no estamos constantemente quejándonos ni denunciándolo".
También recuerda que el papel de los vigilantes es "prevenir y ayudar, no pelear ni hacer injusticias", al tiempo que pide más tolerancia hacia ellos. Además, aprovecha la entrevista para hacer varias reclamaciones. Por un lado, solicita mayor protección jurídica y más medios para desempeñar su trabajo con seguridad. "Que nos den chalecos, espráis o algo para nuestra defensa, porque yo no puedo defender si no me puedo proteger a mí misma", advierte. Por otro, pide reforzar las plantillas de seguridad, así como de limpieza y mantenimiento, en urgencias, un área crítica que además está inmersa en un proyecto de ampliación.
A raíz de esta agresión, este jueves por la mañana se ha celebrado una concentración de profesionales del sector de la seguridad privada frente al Hospital San Pedro. La Federación de Servicios, Movilidad y Consumo (FeSMC) de UGT ha sido el impulsor de esta movilización, en la que, según informó y recogió Europa Press, se han trasladado las mismas reivindicaciones planteadas por la vigilante agredida en el último incidente:
* Dotar de más medios de protección a los vigilantes de seguridad.
* Fortalecer su protección jurídica en el ejercicio de su profesión.
* Reforzar las plantillas de vigilantes en aquellos servicios "más conflictivos". En el caso de los hospitales, en las áreas de urgencias y psiquiatría, "principales focos de intervención de los vigilantes de seguridad adscritos a ese servicio", señala FeSMC-UGT.
Dos vigilantes hospitalizados tras una agresión en el metro de Urduliz
El segundo caso tuvo lugar solo cuatro días después, el martes sobre las 22.10h, en la estación de metro de Urduliz, en Vizcaya. Allí, dos vigilantes de seguridad fueron brutalmente agredidos por un grupo de nueve grafiteros, según ha denunciado Comisiones Obreras (CCOO) en un comunicado en el que detalla los hechos.
De acuerdo con su versión, los vigilantes sufrieron el ataque al tratar de impedir que los grafiteros realizaran pintadas en los vagones. La respuesta fue extremadamente violenta y terminó con ambos trabajadores teniendo que ser trasladados a urgencias del Hospital de Urduliz
"Uno de los vigilantes cayó al suelo y recibió infinidad de patadas, puñetazos y hasta golpes con los botes de espray en todo el cuerpo, incluida la cabeza, lo que le ocasionó una brecha por la que sangraba abundantemente, la cual tuvieron que coserle con grapas en el Hospital de Urduliz. Además, fue atendido por la rotura de dos dedos de una mano y varios tendones afectados y de diversas contusiones por todo el cuerpo.
"Para más ensañamiento ambos fueron rociados con pintura de los espráis en sus caras ocasionando al otro vigilante la rotura de sus gafas y numerosos hematomas debido a los golpes recibidos por todo el cuerpo", narra CCOO.
Siguiendo su información, tras la agresión, los grafiteros huyeron de la estación, hasta donde se desplazaron una unidad de la Ertzaintza y personal sanitario para prestar los primeros cuidados a los vigilantes.
CCOO condena esta "brutal agresión" y exige tanto al metro de Bilbao como a la empresa adjudicataria de su seguridad que dote a los vigilantes de seguridad de espray de gel pimienta, "como ya tienen otros centros de transporte".
"No podemos permitir que quienes están para velar por la seguridad de las personas usuarias de este medio de transporte tan importante, no tengan las garantías suficientes para el desempeño de su trabajo, por lo que CCOO seguirá exigiendo que se refuercen las plantillas, que se pongan las dotaciones necesarias de seguridad y que se abone como corresponde a las y los vigilantes de seguridad privada del Metro Bilbao por ser un servicio totalmente esencial", apunta el sindicato.
Un sector que exige protección
Estos dos episodios, ocurridos con escasos días de diferencia, se suman a multitud de agresiones similares contra vigilantes de seguridad, reforzando la percepción de que la violencia contra ellos no deja de crecer.
Los profesionales y los sindicatos reclaman medidas urgentes, pero sus reivindicaciones siguen sin traducirse en cambios efectivos, mientras los incidentes continúan repitiéndose.

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